La Corte de José Antonio I: la Batalla Cultural

¡Octubrista!

Periodismo de asalto, poesía incoherente y farándula de Estado.
[ Balas de neón para mentes domesticadas ]

LA CORTE DE JOSE ANTONIO I

Caricatura política de la Batalla Cultural en Chile
[ ÓLEO DE PASILLO: EL ABSOLUTISMO POP Y LA MOTOSIERRA DE UTILERÍA ]

Nos han vendido la idea de que la famosa “Batalla Cultural” es una guerra a muerte contra la ideología woke , las feministas y los activistas LGBT+ como una amenaza directa a la integridad de la familia; que la Agenda 2030 es una confabulación de la ONU dominada por izquierdistas infernales, y que el cambio climático no es más que una conspiración de científicos (presuntamente izquierdistas).

Pero hablando en serio, la "batalla cultural" a la que hace referencia la ultraderecha global es una estrategia política e ideológica calculada. Lo que busca es disputar el "sentido común" de la sociedad, argumentando que la izquierda y el progresismo han dominado e impuesto su visión del mundo a través de la educación, los medios de comunicación, el arte y el lenguaje.

Esta ofensiva, abanderada por figuras internacionales como Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina y Giorgia Meloni en Italia, parte de la premisa de que para transformar la realidad no basta con tomar decisiones económicas o administrativas: es estrictamente necesario modificar primero los valores, la cultura y lo que la masa considera "normal" o "correcto".

Si uno se asoma al hemiciclo o al patio de los naranjos en este invierno de 2026, lo que encuentra es una puesta en escena que nos retrotrae de golpe al siglo XIX: vemos al ministro Quiroz pontificando sobre cómo deben cambiarse los valores nacionales a través de hacer sufrir el bolsillo del "perreje", mientras se trata con cariño y bondad la billetera del rico. Al mismo tiempo, el Presidente Kast opera como un padre severo y estricto de principios de 1900, pretendiendo mantener el orden y las buenas costumbres a punta de su célebre Registro de Incivilidades y Vándalos.

Todo transcurre con un aire del absolutismo pop más desencajado. El poder en Chile ya no busca convencer; busca deslumbrar a través de un aparato comunicacional que, en rigor, no dice nada, pero que es replicado con fidelidad en el ecosistema medial corporativo de El Mercurio y Copesa, y amplificado por la ruidosa macrofauna de las redes sociales.

Al centro del decorado, el Presidente Kast —cual Luis XIV— delega en su portaliano ministro Quiroz el gobierno diario del país. Como un mantra, repiten que bajar los impuestos es la fórmula mágica para superar todos los males heredados por el nefasto Gobierno de Boric. Cabe preguntarse, sin embargo, cuánto tiempo más podrán mantener en pie el decorado con pilares argumentativos tan débiles.

Como esto es una guerra donde el Ejecutivo y sus adherentes se comportan como cruzados digitales del siglo XXI, sostienen su credo en dos ideas básicas. Primero, la palabra "Libertad" se utiliza exclusivamente para defender la desregulación económica y el individualismo salvaje frente a cualquier intervención del Estado. Segundo, se apropian de la etiqueta del "sentido común" para contrastarlo con el progresismo, al que acusan de sostener utopías dañinas para la economía y la convivencia.

El ministro Quiroz insiste en que la megarreforma es parte estructural de la batalla cultural, que hay un cambio de relato profundo y que hacia allá se marcha sin retorno. Buena suerte con ello. Porque si de verdad hablamos de sentido común, este nos dice que todo apunta al control sin contrapesos institucionales de la economía, desmantelando el Estado y reduciendo los derechos sociales al mínimo.

La gran duda que flota en el ambiente es sombría: No queda claro si en esta batalla cultural se incluye alinear definitivamente al país con el concepto de la Ilustración Oscura, rindiendo pleitesía al tecnojerarca Peter Thiel y sus productos de control social.

Esta batalla recién se inicia.

¿Sentido Común o Diseño Tecnocrático?

¿Estamos ante una defensa de los valores occidentales o frente a un experimento de desregulación radical bajo el ojo de los gigantes tecnológicos?

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